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jueves, 28 de junio de 2012
Jorge Boccanera (desde mi soledad hasta su boca)
entramos a la pieza casi sin reconocernos
sus ojos eran pactos de ternura y violencia
yo la miraba todo el tiempo
habrá pensado en mi cansancio
habrá pensado -está borracho-
habrá pensado en irse pronto
habrá pensado tantas cosas
me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca
habrá pensado en enojarse
habrá pensado -no es un hombre-
habrá pensado ¿en qué quedamos?
habrá pensado tantas cosas
cuando entró el sol cuando se fue
desde mi boca hasta su adiós
y aún en el viaje de regreso
habrá pensado tantas cosas
habrá pensado tantas cosas.
sus ojos eran pactos de ternura y violencia
yo la miraba todo el tiempo
habrá pensado en mi cansancio
habrá pensado -está borracho-
habrá pensado en irse pronto
habrá pensado tantas cosas
me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca
habrá pensado en enojarse
habrá pensado -no es un hombre-
habrá pensado ¿en qué quedamos?
habrá pensado tantas cosas
cuando entró el sol cuando se fue
desde mi boca hasta su adiós
y aún en el viaje de regreso
habrá pensado tantas cosas
habrá pensado tantas cosas.
noticias de una mujer cualquiera
Jorge Boccanera
Constantino Kavafis
Dices: "Iré
a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".
No hallarás
otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.
Constantino Kavafis
miércoles, 27 de junio de 2012
Illia Kuryaki ( yo sòlo vi la jalea en el iris de nuestras almas)
Y es que cubrimos todo
de un púrpura y dulce lodo
pensando que un niño cuida
y cierra nuestras heridas
Tomamos un tren extraño
lloramos y despertamos
el viento dijo si hoy duermo
mañana saldrán las flores
y al correr por nuestro sabor
vi un planeta que no tiene odio
donde el sol no quiere quemar
donde el sol no se siente solo
Yo solo vi la jalea
en el iris de nuestras almas
el sol nos muestra su calma
despertando en la montaña
Vi solo la vestimenta
del mundo que me atormenta
del fuego que ellos fabrican
el bosque lo que nos queda
y absorber todo nuestro dolor
es lo que hace esa luna estrella
donde el sol no quiere quemar
donde el sol se parece a ella
la jalea
de un púrpura y dulce lodo
pensando que un niño cuida
y cierra nuestras heridas
Tomamos un tren extraño
lloramos y despertamos
el viento dijo si hoy duermo
mañana saldrán las flores
y al correr por nuestro sabor
vi un planeta que no tiene odio
donde el sol no quiere quemar
donde el sol no se siente solo
Yo solo vi la jalea
en el iris de nuestras almas
el sol nos muestra su calma
despertando en la montaña
Vi solo la vestimenta
del mundo que me atormenta
del fuego que ellos fabrican
el bosque lo que nos queda
y absorber todo nuestro dolor
es lo que hace esa luna estrella
donde el sol no quiere quemar
donde el sol se parece a ella
la jalea
Alejandro Baricco, tierras de cristal (fragmento)
" Aquellas dos imágenes le habían entrado por los ojos como la instantánea percepción de la felicidad absoluta y sin condiciones. Se las llevaría consigo para siempre. Porque es así como te fastidia la vida. Te pilla cuando todavía tienes el alma adormecida y siembra en su interior una imagen, o un olor, o un sonído que después ya nunca puedes sacarte de encima. Y aquélla era la felicidad. Lo descubres después, cuando ya es demasiado tarde. Y ya eres, para siempre, un exiliado: a miles de kilómetros de aquella imagen, de aquel sonido, de aquel olor. A la deriva. "
Alejandro Baricco,
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