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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Chagall - Kandisky - Malevic- (imperdible)

Juan Carlos Onetti, el gato

Muchas cosas desagradables se pueden decir o imaginar de John. Pero nunca le sospeché una mentira; tenía demasiado desprecio por la gente para inventarse cualquier fábula que le fuera favorable.
De modo que cuando me contó alegre y bebiendo dry martinis la historia –para mí, sobretodo– de uno de sus casamientos fallidos, no tuve duda. Era, o fue, como mirar y oír una película sin posibilidad de recomienzo ni temor sobre su capacidad de ser creída. Tampoco quedaba agujero para una sonrisa.
Yo llegaba, una semana antes, de París y quería actualizar, confirmar y desechar los rumores que me habían llegado sobre amigos, más o menos comunes, durante mi ausencia.
John era un inglés conversador y sabía burlarse de todo con despego, a veces lástima, nunca maldad.
Bebimos y hubo un largo silencio: John parecía meditar indeciso con el ceño fruncido.
Dejó su vaso sobre la mesa y me dijo, conservando su actitud de piernas cruzadas y de resuelto perfil:
–Era francesa y tú la conoces. Tal vez lo sepas porque estabamos practicamente casados. Sólo nos faltaba el sacerdote, el juez y la llegada de unos muebles viejos y caros de los que no quería desprenderse. Bisabuelos y abuelos y padres, casi toda la historia de Francia. A mí sólo me importaba ella, Marie. Ya puedes buscar entre todas las Maries que recuerdes. Estaba loco y a veces pensé que era una locura sexual. Verla, bastaba; oler un pañuelo olvidado, bastaba; entrar al baño después de que ya había salido. Nos veíamos todas las semanas, aquí o en París. Dos o tres días seguidos. Ibamos y volvíamos. Y mi deseo aumentaba cada vez y yo me entregaba a él, escarbaba en él; quería más y más. Y cada más era era como un escalón que me impulsaba a pisar otro. Siempre en descenso porque yo sabía que estaba perdiendo salud y cerebro.
Sin dejar de ofrecerme un hombro, hizo una seña a Jeeves y vinieron dos vasos: dry martini para él y un gin tonic para mí. Encendió la pipa (él sabía que fumar apresuraría mi muerte) y estuvo un rato pensando, casi sonriendo con labios que no endulzaba la alegría. Como ocurre siempre en esta clase de cuentos me mantuve en silencio, esperando; fui recompensado, Johny dijo sin mirarme:
–Al gato lo bauticé Edgar. Y no porque fuera un gato negro con símbolos de horror, blancos, en su pecho.
–Una noche en que Marie, como estaba planeado, llegó al aeropuerto. La recibí, tomamos cocteles con la alegría de siempre, brindamos por la felicidad matrimonial. Esto no hace reír pero es cómico. Fuimos a cenar y luego a mi departamento. No te dije, porque no lo sé y tal vez no me importe, que la portera y semipatrona estaba encaprichada conmigo o, simplemente, me odiaba sin pausa. Algo de eso.
Entramos y encendí la luz. Ella no había estado nunca allí. Miró alrededor con una sonrisa que era de aprobación antes de haber nacido. Y vio, vimos, en medio de la gran cama, con su colcha blanca de señorita, un gato negro, grande, gordo. Un gato que yo veía por primera vez y que parecía acostumbrado a ronronear allí. Con las patas dobladas bajo el pecho nos miró con ojos curiosos y volvió a cerrarlos. Hasta hoy no sé cómo pudo haber entrado. Sospecho, apenas. Me adelante para acariciarle el lomo y la garganta y entonces ella explotó. Que echara el gato inmundo, que iba a llenar la cama de pulgas. A gritos y pateando el suelo. Yo encendí un cigarrillo y abrí la puerta. Le dije que me había hecho feliz encontrar por sorpresa que alguien nos daba la bienvenida. Ella me trató de estúpido y golpeó las manos hasta que el gato corrió hacia la puerta y la sombra del pasillo. Bueno, vamos a tomar otro vaso porque ya vasta como prólogo. Lo que ocurrió es simple y para mí muy trabajoso de explicar. En aquel momento resolví que yo nunca podría casarme con aquella mujer; que era imposible vivir con ella, ser feliz con ella. No se lo dije entonces y el resto de la noche, hasta el cansancio de la madrugada pasaron como lo presentíamos y lo deseabamos.
Bebió de un trago, encendió nuevamente la pipa y sonrió alegre y desafiante. Ahora se volvió para mirarme los ojos y dijo:
–Lo que explica para cualquier tipo inteligente porque desde entonces solo he tenido aventuras y me he propuesto que duren poco.
Juan Carlos Onetti

the beatles, here comes the sun

The Beatles, aqui viene el sol

Ahí viene el sol
Ahí viene el sol
Y yo digo: está todo bien

Cariño mío, este ha sido un largo, frío y solitario invierno

Cariño mío, se siente como si estuviera aquí durante muchos años

Ahí viene el sol

Ahí viene el sol
Y yo digo: está todo bien

Cariño mío, la sonrisa retorna a sus caras

Cariño mío, parece como si estuviera aquí durante muchos años

Ahí viene el sol

Ahí viene el sol
Y yo digo: está todo bien

Sol, sol, sol aquí, viene

Sol, sol, sol aquí, viene
Sol, sol, sol aquí, viene
Sol, sol, sol aquí, viene
Sol, sol, sol aquí, viene

Cariño mío, siento que el hielo se esta derritiendo lentamente

Cariño mío, siento como si fueran años que veo el sol brillar

Ahí viene el sol

Ahí viene el sol
Y yo digo: está todo bien

Ahí viene el sol

Ahí viene el sol
Está todo bien, está todo bien
The Beatles 

Charles Bukowski, todo

Los muertos no necesitan 
aspirina o 
tristeza 
supongo. 

pero quizás necesitan
lluvia.
zapatos no
pero un lugar donde
caminar.

cigarrillos no,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder.

O nos dicen:
Espacio y un lugar para
volar,
da
igual.

los muertos no me
necesitan.

ni los
vivos.

pero quizás los muertos se necesitan
unos a
otros.

En realidad, quizás necesitan
todo lo que nosotros
necesitamos

y
necesitamos tanto
Si solo supiéramos
que
es.

probablemente
es
todo

y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo

o moriremos

porque no
lo
conseguimos.

Espero que
cuando yo este muerto
comprendaís

que conseguí
tanto
como
pude.

Charles Bukowski

Pink Floyd, learning to fly

Pink Floyd, aprendiendo a volar

En la distancia, una cinta negra
Se estira hasta un punto donde ya no hay marcha atrás
Un vuelo fantástico sobre el viento se extendió por el campo
Soportando a solas mi juicio que se tambalea
Una atracción fatal que me sostiene rápido
¿Cómo puedo librarme de esta presión irresistible?

No puedo mantener mis ojos en el cielo que da vueltas
Mi lengua ato y retuerzo a este inadaptado trozo de tierra que soy

El hielo se esta formando sobre las puntas de mis alas
No escuche las advertencias, creí que había pensando en todo
Nadie puede controlar mi camino a casa
Innegable, vacio y centrado en una piedra

Un alma tensa esta aprendiendo a volar
Su condición lo detiene pero decide intentar
No puedo mantener mis ojos en el cielo que da vueltas
Mi lengua ato y retuerzo a este inadaptado trozo de tierra que soy

Encima de la tierra sobre un ala y una oración
Mi aureola sucia, un rastro de vapor en el aire sucio
Al otro lado de las nubes veo la mosca de mi sombra
Fuera de la esquina de mi ojo que llora
Un sueño cegado por la luz matutina
Esta alma que podría volar justo a través del techo de la noche

Ninguna sensación se compara con esto
Una muerte aparente, un estado de dicha
No puedo mantener mis ojos en el cielo que da vueltas
Mi lengua ato y retuerzo a este inadaptado trozo de tierra que soy