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martes, 5 de noviembre de 2013

Leonard Cohen ( avalancha)




Entré en un alud
Cubrió mi alma
Cuando no soy el jorobado que ves
Duermo bajo la colina del oro
Tú que quieres vencer el dolor
Debes aprender a servirme bien
Golpeas mi costado sin querer
mientras buscas tu oro
Aquí el lisiado que vistes y alimentas
no se muere de hambre ni de frío
No pide tu compañía
No en el centro del mundo
Cuando estoy en este pedestal,
tú no me subiste aquí,
tus leyes no me obligan
a arrodillarme grotesco y desnudo
Yo mismo soy el pedestal
de esta horrible joroba que miras, que miras, que miras
He empezado a anhelarte
yo que nada necesito
He empezado a esperarte
yo que gobierno los siete mares
Y dices que te has alejado de mí
Pero yo te siento cuando respiras
No te pongas esos harapos por mí
Sé que no eres pobre
No me ames con tanto ardor
cuando conoces todas tus dudas
Este es tu mundo amor mío
Es tu carne la que yo llevo
Este es tu mundo amor mío
Es tu carne la que yo llevo.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Leonard Cohen, famoso impermeable azul


Son las cuatro de la mañana. Finales de diciembre.
Ahora mismo, te estoy escribiendo,
para saber si estás bien.
Nueva York es frío, pero me gusta donde vivo.
Suena música en Clinton Street durante toda la tarde.
He oído que estás haciéndote
una pequeña casa en medio del desierto.
Ahora, tu vida no tiene sentido.
Espero que escribas algún tipo de diario.
Sí, y Jane vino con un mechón de tu pelo.
Me dijo que se lo habías dado
aquella noche que decidiste desintoxicarte.
¿Lo has hecho realmente?
La última vez que te vimos,
parecías mayor.
Tu famoso impermeable azul
estaba gastado por los hombros.
Has estado yendo a la estación a mirar los trenes.
Y volviste a casa, sin Lili Marlene.
Y has tratado a mi mujer como un objeto más de tu vida.
Y cuando volvió conmigo, ya no era la esposa de nadie.
Bueno, te veo ahí, con una rosa entre tus dientes.
Otro debilucho ladrón gitano.
Veo a Jane despierta.
Te manda recuerdos.
Y todo lo que puedo decirte,
hermano mío, mi asesino, es …
¿Qué puedo decir?
Supongo que te echo de menos.
Supongo que te perdono.
Me alegro de que te cruzaras en mi camino.
Si alguna vez vienes por aquí, ya sea por Jane, o por mí.
Tu enemigo estará durmiendo,
y su mujer es libre de hacer lo que quiera.
Sí. Y gracias
por el problema que le quitaste de delante.
Yo creía que estaría ahí siempre,
y por eso nunca había intentado solucionarlo.
Y Jane vino con un mechón de tu pelo.
Me dijo que se lo habías dado
aquella noches que decidiste cortar con todo.