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martes, 3 de julio de 2012

Joaquin Sabina, ( ni la quijada de Caìn)



Más vale que no tengamos que elegir
entre el olvido y la memoria,
entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
sobre la línea divisoria
que va del tendio a la pasión.
No dejes que te impidan galopar
ni los ladridos de los perros
ni la quijada de Caín.
Que no te dé el insomnio por contar
las gaviotas del destierro,
las amapolas de París.
Te engañas si me quieres confundir
esta canción desesperada
no tiene orgullo ni moral
se trata sólo de poder dormir
sin discutir con la almohada
dónde está el bien, dónde está el mal.
La guerra que se acerca estallará
mañana lunes por la tarde
y tú en el cine sin saber
quién es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.
Y sal ahí
a defender el pan y tu alegría.
Y sal ahí
para que sepan que
ESTA BOCA ES MIA.

V ( Somos legiòn)

Somos la Nueva Civilización.
Estamos aquí.
Estamos despertando ahora del pasado para soñar un sueño más grande.
Somos amigos e iguales, somos diversos y únicos, y estamos unidos por algo mayor que nuestras diferencias.
Creemos en la libertad y la cooperación, abundancia y armonía.
Somos una cultura emergente, un renacimiento de la esencia de la humanidad.
Encontramos nuestra propia guía, y discernimos nuestra propia verdad.
Vamos en muchas direcciones y aun así nos negamos a dispersarnos.
Tenemos muchos nombres, hablamos muchas lenguas.
Somos locales, somos globales.
Estamos en todas las regiones del mundo, estamos en el aire, en todas partes.
Somos universo tomando conciencia de sí; somos la ola de la evolución.
Estamos en los ojos de cada niño, encaramos lo desconocido maravillados y excitados.
Somos mensajeros del futuro, viviendo en el presente.
Venimos del silencio, y decimos nuestra verdad.
No podemos estar callados, porque nuestra voz esta dentro de todos.
No tenemos enemigos, ningún límite puede detenernos.
Respetamos los ciclos y expresiones de la naturaleza, porque somos naturaleza.
No actuamos para ganar, actuamos para vivir y aprender.
Nos motiva la inspiración, el amor y la integridad.
Exploramos, descubrimos, sentimos y reímos.
Estamos construyendo un mundo que funcione para todos.
Procuramos vivir nuestras vidas en todo su potencial.
Somos independientes, autosuficientes y responsables.
Nos relacionamos mutuamente en paz, con compasión y respeto; nos unimos en comunidad.
Celebramos la Totalidad que se encuentra en nuestro interior y a nuestro alrededor.
Danzamos con el ritmo de la creación.
Tejemos los hilos de los nuevos tiempos.
Somos la nueva civilización.
Somos Anonymous.
Y ahora más que nunca.
Somos Legión

( V de venganza) 

Pearl Jam, ( detras de nosotros en el camino)

Raul Gustavo Aguirre, el que no aprende nunca



El que no aprende nunca toca el fuego
el que no aprende nunca da una mano,
el que no aprende nunca vuelve a andar.
El que no aprende nunca se golpea
contra una pared y con la otra
y después con la otra y con la otra
y sigue caminando.

domingo, 1 de julio de 2012

The Rolling Stones , ( tienes la plata)

Hernan Casciari , justicia poètica

Desde la más tierna infancia, desde el principio, entendí que soy un uruguayo atrapado en el cuerpo de un argentino. Ya de chico pensaba, vivía y sentía como uruguayo, por más que tratase de ocultarlo a causa del qué dirán. Mi mamá se dio cuenta una tarde que me vio tomando mate solo a una edad imposible. A mi padre traté de ocultárselo más tiempo, pero en el Mundial de España se me escapó un grito de gol. Imagino que sufrió en silencio, aunque nunca hablamos del tema.
De chico miraba con fascinación horas y horas, a escondidas, un mapa enorme del Uruguay, y pronunciaba en voz alta los nombres de las ciudades en donde me habría gustado nacer: Durazno, Canelones, Cabo Polonio, Treintaitrés. Mi mamá golpeaba con insistencia la puerta del baño:
—¡Hernán! ¿Qué estás haciendo tanto tiempo ahí adentro? —me gritaba. Yo plegaba el mapa, rojo de vergüenza, y tiraba la cadena para disimular, pero la oía susurrarle a mi padre:— Tu hijo está otra vez metido en el baño, con el mapa de Uruguay —decía acongojada—, vas a tener que hablar con ese chico.
En el colegio, cuando todos cantaban el Himno en el salón de actos, yo cambiaba secretamente algunos versos. Oíd mortales el grito sagrado: Uruguay, Uruguay, Uruguay. Posiblemente, al principio, haya sido una de esas taras que tenemos los chicos para llamar la atención o requerir afecto, porque además de uruguayo también yo decía ser panteísta. Pero lo segundo se me pasó cuando conocí el choripán, y en cambio lo de ser uruguayo todavía me persigue.
Y es que con el tiempo, en vez de menguar, la necesidad de ser uruguayo crecía en mi pecho, incesante. Por eso en mi adolescencia adoraba las noches limpias de verano, sin una sola nube, ésas noches que permitían que la señal del canal doce de Montevideo llegara casi perfecta al televisor de mi pieza. Me quedaba madrugadas enteras viendo películas infames de trasnoche, solamente para disfrutar de la publicidad charrúa, de ese acento cristalino, casi idéntico al mío pero más entonado y cadencioso.
Más tarde, con la llegada de la literatura, supe que mi obsesión no estaba mal encaminada. Leí una frase de Cortázar a los quince años: "Un argentino que nunca fue a París es una especie de uruguayo". Y yo me juré, como nomás jura un imbécil en la edad del pavo, que jamás pisaría Francia. (No pude cumplir la promesa, y lo lamenté en el alma en el mismo momento de pisar el aeropuerto Charles De Gaulle.)
En esos tiempos mercedinos, conocer a un uruguayo verdadero me ponía la piel de gallina. Una vez vino a la ciudad una banda que tenía un baterista uruguayo. Yo le preguntaba cosas de una manera enloquecida, como si Carl Sagan se hubiera encontrado con un marciano... Le preguntaba a mi uruguayo si hacía frío o calor en su país, si había montañas, si la cebolla hacía llorar. El baterista me miraba raro. "Es igual que acá, botija", me decía. Y yo pensaba: "¡Qué grandioso! Además de geniales, son humildes".
A decir verdad, no sé qué estoy haciendo en Barcelona. Desde que tengo memoria, siempre supe que mi destino estaría en Montevideo. Siempre creí que terminaría viviendo allí, casado con una uruguaya de pelo suelto experta en hacer ensaladas, y que yo fumaría en pipa y escribiría cuentos uruguayos. No pudo ser, pero a veces me despierto con una sensación de desasosiego, con una nostalgia de algo que no pasó jamás.
Quizás por esa manía temprana, los protagonistas de mis primeras tres novelas son uruguayos. Tampoco fue una decisión: surgió de ese modo, me sentía más cómodo gritando al viento mi opción de identidad desde el disfraz de la literatura. En una temporada de mi vida hasta aprendí a ponerme el termo en el sobaco y cebar con la misma mano. En otra época, salía con el mate a la calle para que la gente dijera "ahí va un uruguayo". Durante los mundiales 86 y 90, por un odio cultural hacia Bilardo, hinché abiertamente para Uruguay y lloré con el gol de Pasculi, que nos dejó afuera.
A lo largo de mi vida no conocí nunca, pero nunca, a un uruguayo malo, o cancherito, o pretencioso. Todos los uruguayos que pasaron por mi vida fueron como ángeles, como hermanos reencontrados. Incluso los muertos, los que nunca toqué. Quiroga, Felisberto, Onetti. A veces, cuando un uruguayo me quiere hacer enojar diciéndome que Gardel no es argentino, que en realidad nació del otro lado del Plata, yo para mis adentros pienso: "A mí me pasa lo mismo".
Hace poco estuvieron comiendo conmigo la cantante uruguaya Laura Canoura y el guitarrista uruguayo Jorge Nocetti; y me pasó lo de siempre. Esa sensación de hermandad, de bonanza, de estar con personas que he visto siempre, con gente que permanece cerca a pesar de los aviones y los regresos. Ellos provocan que, por un rato, el uruguayo que llevo dentro salga a tomar el aire a la superficie de mi vida.
Por ejemplo, yo no bailo. No sé bailar; no puedo. Sin embargo, la primera vez que lo vi en vivo a Jaime Roos —fue en la Trastienda, hace muchos años— algo dentro de mí pegó un salto, se desató a la mitad de "Colombina" y los que estaban conmigo juran que me convertí en otro. Dicen que movía los pies, dicen que de repente yo era un gordito con ritmo. No sé si es verdad, porque no me acuerdo de nada. Pero es muy posible.
La milonga de Borges me pone la piel de gallina. Hace un rato la busqué en un libro porque quería poner unos versos en este artículo, y volvió a conmoverme:
Hombro a hombro o pecho a pecho,
cuántas veces combatimos.
¡Cuántas veces nos corrieron,
cuántas veces los corrimos!Milonga para que el tiempo
vaya borrando fronteras;
por algo tienen los mismos
colores las dos banderas.
Habla de eso mismo, Borges. De ese extraño sentimiento en donde no importan las diferencias sino las similitudes. Somos un mismo pueblo que no comparte nombre, pero da igual. Yo me siento partido al medio, pero muchas veces más de aquel lado que de éste. No sé por qué.
Anoche pensaba en todas estas cosas, mientras miraba el partido. La selección de Uruguay necesitaba ganarle a Argentina para mantener vivas sus chances mundialistas. Y yo, como muchos argentinos que también tienen un uruguayo adentro, cerramos el puño y fuimos felices con el gol de Recoba. Porque recordamos el placer de haber leído a Felisberto, porque no podemos olvidar haber pescado en esos ríos y haber caminado de noche por Montevideo, porque en el fondo sabemos que ellos son como nosotros pero sin los defectos nuestros, porque aunque sean chiquitos son nuestros hermanos mayores, porque saben mirar a los ojos y tienen esa luz de pueblo silencioso en la mirada, y porque hace un mes mi hija fue arrullada para dormirse por una de sus mejores voces. Gol de Recoba. Uruguay sigue soñando con el Mundial y Chile se queda afuera. Justicia poética.
Estamos hechos del mismo barro. Ésa es la diferencia entre ser hermanos de sangre o ser nomás un país limítrofe. Yo ya tengo un país limítrofe a la derecha, y es suficiente. Pero a la izquierda, del lado del corazón y por suerte, tengo a unos hermanos del alma. Tan cerca, tan pero tan cerca, que a veces pienso que soy un uruguayo que nació, por un error del viento, a trescientos cuarenta kilómetros de mi cuna.
 este texto fue extraìdo de http://editorialorsai.com/blog/post/justicia_poetica

Chico Buarque ( es un pozo de bondad)


De los rengos y los tuertos
Del bajo fondo del puerto
Ella anduvo enamorada
Su cuerpo es de los errantes
Vagabundos y emigrantes,
De los que no tienen nada
Se entregaba desde niña
En garajes o cantinas,
Tras la pileta, en el monte
Reina de los prisioneros,
Las locas, los pordioseros,
Los gurises del asilo

A menudo a su cuidado
Hay viejitos deshauciados
Y viudas sin porvenir

Es un pozo de bondad
Por eso la  ciudad toda
Repitiendo ha de seguir:

Tírenle piedra a geni,
Tírenle piedra a geni
Hecha está para aguantar,
Hecha está para escupir,
Se entrega no importa a quién,
Maldita geni

Un dia surgió brillante
Entre las nubes fluctuante
Un enorme zepelín

Se paró en los edificios
Abrió unos mil orificios
Con mil cañones así

La ciudad toda espantada
Se quedó paralizada,
Casi se volvió jalea

Mas del zepelín gigante
Descendió el comandante
Diciendo - cambié de idea

Cuando vi en esta ciudad
Tanto horror e iniquidad
Resolví hacerla explotar

Mas puedo evitar el drama
Si es que aquella hermosa dama
De noche se entrega a mí

Esa dama era geni,
Mas no puede ser geni,
Hecha está para aguantar,
Hecha está para escupir,
Se entrega no importa a quién,
Maldita geni

Sin que se lo propusiera
De tan ingenua y sincera
Cautivó al forastero

El guerrero tan vistoso,
Tan temido y poderoso
Quedó de ella prisionero

Ocurre que la doncella
- y eso era secreto de ella -
Tenía también sus caprichos

Y a darse a hombre  tan nobre,
Tan oliendo a brillo y cobre,
Prefería amar los bichos

Al oir tal herejía
La ciudad en romería
Su mano vino a besar

El prefecto de rodillas,
El obispo a hurtadillas,
El banquero y su millar

Anda con él, ve geni
Anda con él, ve geni,
La que nos puede salvar,
La que nos va a redimir,
Se entrega no importa a quién,
Bendita geni

Fueron tantos los pedidos,
Tan sinceros, tan sentidos,
Que ella dominó su asco

Esa noche lancinante
Entregóse a tal amante
Como quién se da al verdugu

Tanta suciedad él hizo
Relamiéndose de vicio
Hasta quedarse saciado

Y no bien amanecía
Partió en una nube fría
Con su zepelín prateado

Con un suspiro aliviado
Ella se acostó de lado
Y trató de sonreír

Mas luego al rayar el día
La ciudad en gritería
Ya no la dejó dormir

- tírenle piedra a geni,
Tírenle piedra a geni,
Hecha está para aguantar,
Hecha está para escupir
Se entrega no importa a quién,
Maldita geni